Gubbio: El Árbol de Navidad más grande del mundo.

Estaba tan tranquila y tan encantada visitando Perugia, que ni se me había pasado por la imaginación que ayer iba a salir escopetada de ahí para hacer una visita a Gubbio, una antiquisíma y extraordinariamente bella ciudad de Umbría, a 39 km, al noroeste de Perugia.

Pero una amiga mía, de Coruña, que está haciendo en Perugia su tesis doctoral, se quedó de una pieza cuando el martes por la noche le comenté que todavía no conocía Gubbio y que tampoco sabía (hasta que ella me lo dijo) que en dicha ciudad se construía todos los años el mayor árbol de Navidad del mundo. Para resumir, Sita (apelativo cariñoso de mi amiga María Teresa) me propuso acompañarme ayer a visitar Gubbio: el único día que podía antes de irse a Coruña para pasar estas fiestas con su familia.

Cogimos el coche tempranísimo, con un frío húmedo importante. Quizá yo lo acusaba más que Sita, pues me había acostado tardísimo, tras un intento desesperado por saber qué era, además del espectacular “abeto navideño”, lo que hacía que esa ciudad tuviera que ser visitada con apasionada urgencia, con el mismo ímpetu que te lleva a reencontrarte con un antiguo novio, que no has podido o querido olvidar, del que, de pronto, recibes noticias, y te das cuenta que la posibilidad del ansiado abrazo consiste en ganarle la batalla al reloj.

Tan pronto como divisé Gubbio, asentada a más de 500 metros de altura en la base del Monte Ingino, cuya cima se encuentra a poco menos de 400 metros de altura respecto a la ciudad, fuí consciente de que la urgencia que me había transmitido Sita estaba más que justificada. Abarcando una ladera completa del monte se encontraba el maravilloso Árbol de Navidad, que tiene una altura de unos 350 metros, una base de cerca de 250 metros de ancho, y está coronado por una estrella de 40 metros de anchura y 25 de longitud. El árbol, con un trazado idéntico al de un abeto natural, está configurado por unos 8 Km. de cables eléctricos, 600 puntos de luz, y más de 1.300 enchufes. Tan pronto como anochece se encienden todas las luces, de múltiples colores, generando una luminosidad y unos destellos tan mágicos como espectaculares, que refulgen sobre la ciudad y los campos circundantes, haciendo que el espléndido conjunto arquitectónico de Gubbio, el Monte Ingino, y la fértil campiña, formen una unidad majestuosa y onírica.
Este fascinante ritual navideño en el Monte Ingino, ideado a principios de la década de los ’80, se repite todos los años, desde el 7 de Diciembre hasta el 10 de Enero.

Está claro que yo fui la primera en insistir en que nos quedaramos hasta la noche para contemplar con mis propios ojos la maravilla que os he descrito brevemente.
Así fue como, gracias a Sita, tuve la oportunidad de descubrir la antigua Ikuvium, de tan hermosas y equilibradas características arquitectónicas que podría considerarse un ejemplo perfecto de ciudad medieval próspera y culta, con un gran casco antiguo magistralmente trazado, donde las callecitas estrechas, serpenteantes y escalonadas, flanqueadas de edificios antiquísimos, conservados con tanta sensibilidad como inteligencia, desembocan en las calles y plazas principales, amplias, bellísimas y elegantes, en las que resalta una arquitectura señorial y armoniosa procedente, en gran medida, de entre los siglos XI y XIV.
Gubbio fue constituida como ciudad por los umbros hacia el siglo VIII a.C., si bien dicho pueblo de origen indoeuropeo llevaba asentado en el centro y centro noroeste de Italia desde el año 2.000 a.C., aproximadamente. En uno de sus tratados históricos, el erudito ciéntifico, naturalista y militar romano Plinio el Viejo aseguraba que dicho pueblo había sido el primero en asentarse en la península itálica y que fueron tantas las ciudades que fundaron, ya que su extensión territorial llegó hasta el mar Adriático (donde ahora se encuentra la región de Romagna) que la civilización etrusca les arrebató, nada más ni nada menos, que 300 poblaciones social, política y jurídicamente consolidadas.
Al parecer, la civilización umbra, de costumbres muy pacíficas, se dedicaba especialmente a la agricultura, a la ganadería y a la manufactura del hierro, bronce y otros metales. Poseía, además un conocimiento técnico y un sentido estético de la arquitectura muy desarrollados, tal y como se manifiesta en los vestigios que se han hallado en los lugares de culto dedicados a sus distintas divinidades. Ayer, pude observarlo con asombro en el Museo Civico de Gubbio, que se encuentra en el interior del impresionante Palazzo dei Consoli, de estilo gótico, edificado en el siglo XIV y situado en la Piazza Grande, en la que también se alza el soberbio Palazzo Pretorio, de características similares al anterior, y donde ahora está la sede del Ayuntamiento.
Entre los muchos restos arqueológicos y obras de arte allí albergadas, se encuentran las fabulosas “Tablas Egubinas”. Son siete tablas de bronce escritas en lengua umbra, pero con algunos textos en latín, ya que proceden de entre los siglos II y I a.C. Además del gran interés lingüístico y arqueológico, las tablas son un documento de incalculable valor ya que, a partir de las mismas, se puede conocer el extraordinario valor que tenía Ikuvium para los umbros y el alcance sorprendente de su cultura y civilización.
Tampoco os perdáis la bellísima Basílica de San Ubaldo, reconstruida en el siglo XVI, y que se encuentra en la cima del Monte Ingino, a donde se llega con un teleférico que parte de Gubbio. El viaje es precioso y muy divertido, permitiendo además contemplar un paisaje paradisíaco.
Tras subir una escalinata se accede al maravilloso claustro de la Basílica ornamentado por Pier Angelo Basili, con un extenso ciclo de frescos que describe la vida de San Ubaldo, patrón de Gubbio. Al interior de la Basílica se accede a través de unos portalones de madera tallada. La planta está compuesta por cinco cruceros separados por una sucesión de arcos sustentados en columnas de piedra maciza. Sobre el presbiterio se alza una cúpula gigantesca. En el ábside, en una urna de bronce, se conserva el cuerpo incorrupto de San Ubaldo. Ni que decir tiene que el interior de la Basílica es una joya, repleta de frescos que narran argumentos bíblicos, realizados entre los siglos XVI y XVIII por pintores de la talla de Savio Savini, Felice Damiani y Francesco Allegroni, entre otros.
Cerca de la Basílica, en la cima del Monte, podéis comer en un restaurante precioso y panorámico, donde sirven una excelente cocina umbra: pastas buenísimas hechas a mano, carnes del ganado que pasta libremente por la zona, carnes de caza, además de unos embutidos y de unos quesos exquisitos.
No olvidéis probar otra de las delicias gastronómicas típicas de Gubbio: sus apreciadísimas trufas blancas, así como negras, que casan divinamente con sus famosas tagliatelle.
Sylvia

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