Foligno. Una antigua perla guibelina en el corazón de Umbría.

Foligno es una ciudad preciosa, situada en el centro – dicen que exacto- de Italia y en el corazón de Umbría, al sureste de la ciudad de Perugia, a cuya provincia pertenece, y muy cerca del linde con la región de Marche.

La ciudad se encuentra en una llanura, cosa infrecuente en Umbría, junto a la desembocadura del río Topino.
La fundaron los umbros hace miles de años, y los romanos la convirtieron, a partir del año 295 a.C., en un importante centro urbano. Los umbros la llamaron Fulgura, mientras que los romanos le dieron el nombre de una de sus deidades: Fulginia.
De acuerdo con las excavaciones e investigaciones realizadas, la urbe romana estuvo situada, casi con toda seguridad, al norte del actual centro histórico, pues es ahí donde han salido a la luz restos de necrópolis y de viviendas. Por otra parte, es sabido que hasta la segunda mitad del siglo XVI subsistieron numerosos vestigios romanos en el área sureste de la ciudad, de los cuales, hoy en día, apenas quedan huellas, no solo porque la antigua urbe romana fue prácticamente devastada por las hordas bárbaras, sino también a causa de la considerable expansión de la que fue objeto entre los siglos XIV y XVI. Tiempos de enorme bienestar y de notabilísimo nivel cultural para Foligno, pues basta con saber que el primer libro en lengua italiana se imprimió aquí, en 1472, en los talleres de Giovanni da Magonza, quien había fundado la quinta imprenta de Italia. Como es natural, para tamaño acontecimiento se elegió la obra cumbre de la poética italiana, y, a mi entender, también la obra maestra de la literatura de la Edad Media por excelencia : “La Divina Comedia”.

Pero con mucha anterioridad respecto al “boom” inmobiliario y económico de los siglos antedichos, Foligno había sido siempre una ciudad rica, de marcado talante aristocrático. En la Edad Media se distinguío por su pertenencia a la facción guibelina, mientras que la inmensa mayoría de los municipios importantes de Umbría pertenecían a la güelfa, lo que le valió un sinfín de enfrentamientos con la poderosa Perugia- lógicamente, güelfa – a la que, no obstante, le ganó heróicamente un montón de batallas. Es que los guibelinos eran un pasada… Si entre vosotros hay alguno que me haya leído con anterioridad, habrá notado, quizá, no solo mi pasión por la historia militar de la Edad Media en la Italia central, sino unas arruguillas guibelinas, de esas que se llaman de “expresión”, que me cuesta mucho maquillar…

A partir de 1305, la ciudad, perfectamente amurallada, se convirtió en feudo de la noble familia de los Trinci, de tradición guibelina, si bien para ganarse los favores de Perugia y de Spoleto, se pasaron al bando contrario, tras derrocar a los Anastasi, guibelinos de pro, y antiguos señores de la ciudad. Con una chaqueta nueva, perdón, quería decir que… bajo una nueva bandera gobernaron la ciudad hasta 1439, en calidad de sicarios, perdón, otra vez, !Menuda dislexia verbal tengo hoy!, quería decir que… en calidad de vicarios del Papa. Pero el señorío no les salió tan redondo como pretendían, pues los guibelinos les hicieron frente, armados hasta los dientes, en varias y sonadas ocasiones a lo largo de esos 134 años.

En fin, para terminar con esa contrastada época de poder de los Trinci, el Cardenal Vitelleschi, siguiendo, primero, los consejos del Papa Martín V y, después, los del Papa Eugenio IV, encaminados ambos a reafirmar el poder de la Iglesia, ordena que la ciudad sea conquistada con las almas, perdón ¡qué tarde más tonta tengo hoy! quería decir… con las armas, para que pase a estar única y directamente bajo el poder de los Estados Pontificios.
Para hacer honor a la verdad, la soberanía absoluta de los Estados Pontificios sobre Foligno supuso -baños de sangre y minucias por el estilo, aparte- un bien de valor fundamentalmente material ¿Qué paradoja, verdad?

Foligno, como lo fuera antaño, es actualmente una ciudad muy rica- probablemente mantenga las actividades industriales y comerciales más importantes de toda la región – y en la que sus numerosos museos y relevantes actividades culturales atestiguan el elevado nivel e interés cultural de la población.
La ciudad en forma de óvalo, es moderna, bastante grande (cuenta con casi 70.000 habitantes) y está dividida en diez distritos. Pese a su aspecto moderno, conserva un espléndido centro histórico, repleto de edificios, palacios e iglesias medievales y renacentistas, situadas en plazas, plazuelas, calles y callecitas maravillosas que confluyen en la espectacular Piazza della Repubblica.
Todo ello, con un mérito enorme por parte de la población, si se tiene en cuenta que el 75% o más de la superficie de la ciudad fue objetivo constante de los bombardeos de la aviación inglesa y norteamericana unos meses antes del final de la Segunda Guerra Mundial, ya que Foligno contaba con un aeropuerto desde la última década del XIX; tenía un cruce fundamental de vías férreas y, además, era el centro de una importante industria aeronáutica. Sin embargo, la mayoría de la población de Foligno era activamente antifascista. Aquí, los partisanos estaban luchando como leones contra los alemanes y… ¡Eso se sabía!. Otra terrible paradoja de la historia.

Por si fuera poco, en 1997, la ciudad quedó seriamente dañada por un terremoto que se cebó con las regiones de Umbría y Marche. Pero, os garantizo que, salvo los edificios de interés público que fueron completamente arrasados, todo lo demás, que es muchísimo, se ha restaurado o reconstruido perfectamente. Está claro que la sangre guibelina que ha corrido y corre por las venas de los ciudadanos de Foligno les ha hecho portadores de un valor y de una dignidad casi sobrehumanas.
Os voy a indicar, por encima, todo aquello que no podéis dejar de visitar cuando lleguéis a Foligno, que si he logrado transmitiros una parte de la emoción que me embarga cuando hablo de ella, supongo que será prontísimo.

En el centro histórico, en Piazza San Domenico, os encontraréis con la bellísima Iglesia de Santa Maria Infraportas, románica, con una serie de frescos sublimes, de los siglos XV y XVI , en su interior, y un campanario y un pórtico espléndidos del siglo XI.
En Piazza Garibaldi, están ubicadas la Iglesia de San Salvatore y la de Sant’ Agostino. En esta última se conserva la impresionante escultura de madera, del siglo XVII, que representa a la Madonna del Pianto, que, además, de su gran valor artístico es objeto de gran devoción por parte de los ciudadanos de Foligno y los de muchas localidades cercanas, debido a su importante historial de milagros realizados y de gracias concedidas. Su festividad se celebra por todo lo alto, el domingo anterior al día de San Antón, en Enero, de manera que ya podéis daros prisa…
Para terminar, evitando así que “os den las uvas” leyéndome, pese a dejarme un montón de cosas en el tintero, os sugiero que visitéis la Piazza della Repubblica donde se concentran los monumentos más emblemáticos del centro histórico: La Catedral de San Feliciano (el patrón de la ciudad), que es una joya del siglo XII, en la que está enterrado el santo. Su fachada es una maravilla. Está ornamentada con bajorrelieves que representan a Federico Barbarroja, al Papa Inocencio III, así como los símbolos de los Evangelistas y los Signos del Zodíaco; los imponentes: Palazzo Comunale, del siglo XIII; Palazzo Pretorio, también del XIII; Palazzo Orfini, del XVI, y el fabuloso ¡ de auténtico cuento de hadas! Palazzo Trinci, del siglo XIV, cuyo fastuoso y enorme interior alberga los principales museos públicos de Foligno: “La Pinacoteca Civica”, dividida en tres secciones. En cada una de ellas se conservan, respectivamente, valiosas obras pictóricas de los siglos XIV, XV y XVI. Además del Museo Arqueológico y del Museo dell’Istituzione Comunale (el Museo Municipal, para entendernos).

Ahora bien, Foligno es mucho más que todo esto, por lo que os prometo que mañana o a la mayor brevedad, os sigo contando cosas y enumerando lugares de esta ciudad bellísima y ejemplar, además de indicaros alguno de sus estupendos restaurantes, para que al atracón de arte y de historia le siga otro ante una buena mesa.
Sylvia

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