Foligno. Una de sus grandes tradiciones culturales: "La Giostra della Quintana".

Como os prometí hace un par de días, en la página que dediqué a la bellísima ciudad de Foligno, conocida también en Umbría como la “ciudad de los palacios”, vuelvo hoy a ella para hablaros no ya de sus magníficos monumentos, iglesias y museos, sino de uno de los muchos eventos culturales que se celebran en esta ciudad tan cuidada, tan interesante y tan llena de vida, que tanto y tan bien se prodiga, con naturalidad y entusiamo, en mantener siempre jóvenes sus hermosas tradiciones y en potenciar la sensibilidad y el nivel cultural de sus habitantes, a través de los muchos eventos de distinta índole que se celebran en ella.

Como no es posible detenerse en todos ellos, os voy a comentar uno de ellos que, además de ser célebre en toda Italia y en buena parte del extranjero, posee una esencia y una forma que me emociona de manera muy especial. Me refiero a “La Giostra della Quintana”. Se trata de un torneo a caballo que se celebra todos los años en la primera quincena de Junio y, de nuevo, en la primera quincena de Septiembre.

Se instituyó como festejo propio de Foligno en el siglo XVII, si bien está documentado que la fiesta ya se llevaba a cabo enla ciudad a mediados del siglo XV. Inicialmente, el torneo estaba encaminado a que se manifestara el orden de prioridad que el honor de un caballero de armas establecía en cuanto a la lealtad a su señor o la dama cuyo corazón pretendía, para otorgarle él título honorífico que correspondiera.
El nombre de “Quintana” procede del nombre de una vía de un campamento militar romano del lugar, en el que se adiestraba a los combatientes con el manejo de la espada. Su nivel de destreza se medía por su capacidad para introducir el filo de la espada en un anillo que colgaba de la mano de una estatua.

En los primeros años del siglo XVII, las autoridades de Foligno integrararon el torneo en el calendario de festejos de Carnaval, dándole un espíritu de competición, para lo que se establecieron las reglas del juego, así como el orden y el carácter de las celebraciones que se llevaban a cabo en la ciudad en las dos semanas anteriores y en los días posteriores al torneo, y en las que participaba toda la población. Y así sigue siendo. Me atrevería a decir que sin mover ni una coma de los antiguos estatutos.

Diez son los caballeros que participan en el torneo, uno por cada barrio o sector de la ciudad: Ammaniti, Badia, Cassero, Castrastagna, Croce Bianca, Giotti, La Mora, Moriupo, Pugilli y Spada. Van vestidos a la usanza de finales del siglo XVII, con atuendos confeccionados por sastres especializados del lugar y supervisados por un comité histórico-artístico quien establece los más mínimos detalles y realiza la selección final, de tal manera que parecen salidos de los pinceles de Gian Domenico Cerrini, el insigne pintor de Perugia, que dió su salto a la fama, nada más ni nada menos, que en la corte de los Medici de Florencia.

Con el mismo y cuidadoso estilo se engalana el fabuloso cortejo, compuesto por unos 600 hombres y mujeres, que recorre el centro histórico de la ciudad la noche anterior al torneo, acompañado de música del barroco temprano, mientras que en los antiquísimos palacios aristocráticos y en las callecitas adyacentes se suceden las fiestas, los bailes y los banquetes de época.
Además, cada barrio o sector de Foligno desfila con sus propios abanderados, tambores y trompetas, damas, caballeros y caballos. Todos lucen galas de esa época y llama poderosamente la atención no solo el gusto exquisito sino, además, la organización perfecta con la que se llevan a cabos los respectivos desfiles.

Tras casi dos semanas de preciosos festejos – en los que no caben la torpeza ni los malos modales; con tabernas de aspecto del siglo XVI abiertas; catas de los espléndidos vinos de la zona y banquetes multitudinarios con sabrosas especialidades lugareñas, llevados a cabo en cada uno de los diez sectores de la ciudad, coincidiendo, además, con la famosa “Fiera dei Soprastanti”, que evoca los mercados y mercadillos callejeros del XVII -tiene lugar el torneo, una vez anochecido. Allí, los diez caballeros, lanza en ristre, y a lomos de sus respectivos y magníficos caballos, se dirigen a galope tendido a una estatua giratoria de madera de nogal maciza, de principios del XVII, que representa al dios Marte y cuyo nombre es, precisamente, el de “Quintana”.

La estatua tiene los brazos en cruz y de la mano derecha penden los anillos, que van disminuyendo de tamaño en cada una de las tres vueltas que han de dar los caballeros, mientras que la mano izquierda está asida a un escudo.
La victoria recae en el caballero que haya realizado las tres vueltas en el menor tiempo; haya emostrado la mejor puntería y que, además, no haya hecho caer ningún anillo al suelo; no haya perdido pieza alguna de su indumentaría, y que no haya cometido ningún error, del tipo que sea, durante el torneo. En fin ¡el caballero perfecto!

Tras la victoria y la entrega del premio, vuelven a sucederse grandes fiestas en el barrio cuyo exponente haya ganado, así como distintas solemnidades y festejos en toda la ciudad.

Son unos festejos tan hermosos, tan bien organizados y, además, con unas celebraciones que tiene como marco el fascinante centro histórico de Foligno, que no hay palabras para transmitir el estado de ensueño que se puede llegar a sentir al participar de esa fascinante, admirable y apasionante tradición local.

Cada vez concurre más gente del extranjero, por lo que os recomiendo que organicéis vuestro viaje y reservéis a la mayor brevedad, tanto si vais en junio como en septiembre.

También os voy a recomendar un restaurante estupendo cuya relación calidad/precio está más ue acertada. Es un restaurante y pizzeria que se llama “Ciccia e Core” y está situado en Piazza Matteotti, 7, muy cerquita de la monumental Piazza della Repubblica.
Por dentro es precioso, con una ambientación como de taberna medieval, elegante, y con una atmósfera íntima y cálida, pese a ser grande. Se come divinamente. Su especialidad son los entrantes (entremeses de la casa), las carnes a la brasa, muy tiernas y sabrosas, las pastas, las pizzas, grandes y exquisitas, y las menestras de legumbres y verduras. El precio varía mucho en función de lo que se pida, como es natural, pero se podría calcular una media de unos 40 € por persona, comiendo a base de bien. Si estáis dispuestos a gastaros algo más, os sugiero que reguéis la comida con un “Sagrantino” tinto de Montefalco. No os arrepentiréis.
Sylvia

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