Gualdo Tadino: La ciudad de la cerámica.

Gualdo Tadino es una localidad preciosa, dotada de una arquitectura tan monumental como armónica, así como testigo de una historia antiquísima y fascinante.

La ciudad es pequeña, cuenta con algo más de 15.000 habitantes, y está situada al sureste de la más importante ciudad de Gubbio, y a unos 52 Km. al noreste de Perugia.

Desde 1237, Gualdo Tadino está situada en la colina montañosa de Sant’Angelo, a 536 metros de altura sobre el nivel del mar, dominada por la cordillera de los Apeninos, en medio de un ecosistema natural, impoluto y de enorme belleza, lleno de bosques y de prados, así como de manantiales de agua mineral que gozan de gran prestigio en toda Italia.

Voy a tratar de explicaros a grandes rasgos porqué su emplazamiento actual, que procede del siglo XIII, no es el mismo que tuvo en sus orígenes.
De milenaria tradición umbra, la primera civilización que se instaló en la región, de ahí el nombre de ésta, la ciudad fue el primer centro de Italia en el que se trabajó el oro, como lo demuestran los dos célebres discos de oro macizo, procedentes del siglo XIII a.C., conservados actualmente en el Museo Arqueólogico de Perugia, pasó a ser urbe romana en el año 217 a.C., convirtiéndose en una ciudad muy importante para el Imperio, a causa de su posición junto a la célebre Via Flaminia, lo que vinculó su destino al de Roma.

El 1 de Julio del año 552 d.C., en el área de Gualdo Tadino se libra la famosa Batalla de Tagina entre las tropas bizantinas del Emperador Justiniano I, al mando del general Narsés, y las tropas ostrogodas del Rey Totila, al frente de las mismas. Con la victoria de los bizantinos, y el asesinato de Totila tras la misma, esa jornada épica determina el final de la dominación ostrogoda en el centro y norte de Italia.
A finales del siglo X, Otón III, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, ordena a su ejército que arrase la ciudad, a causa de la alianza establecida con la facción partidaria de la familia Crescenzi, patricios romanos de vieja estirpe y enemigos acérrimos del Emperador. Los supervivientes se trasladan a las cercanías de la Abadía de San Benedetto.
En el año 1155, Federico de Hohenstaufen, de camino de Roma para ser coronado emperador como Federico I, más conocido como “Barbarroja” se detiene en Gualdo Tadino para recibir a una delegación de obispos enviada por el Papa Adriano IV, quien le coronaría sucesivamente.
El pequeño centro adquiere una gran importancia estratégica para el Emperador, por lo que se inicia a contruir una nueva localidad de características defensivas en el Valle de Gorgo, pero, lamentablemente, en 1237, la localidad es pasto de las llamas y queda totalmente destruída. Seguidamente, se funda, en su actual emplazamiento, la nueva Gualdo Tadino, que se convertiría en el “ojito derecho” del Emperador Federico II del Sacro Imperio Romano Germánico, por su antigua e incorruptible lealtad a la causa guibelina, ordenando él mismo, tras una larga estancia en la ciudad, que la ciudad pasara a ser una importante plaza defensiva, sólidamente amurallada, con 17 torreones y cuatro inmensas puertas de entrada, y presidida por una fortaleza imponente, la “Rocca Flea”, en pie desde el siglo X, cuando pertenecía a los Condes de Nocera, que el Emperador quiso que se restaurara por completo, transformándola en una fortaleza prácticamente inexpugnable.

A partir de 1449, cuando todo el territorio pasa a poder de Rodrigo Borgia, Papa Alejandro VI, el castillo se convertirá, después, en la sede de la Legación Cardenalicia Autónoma, que pasará a gobernar Gualdo Tadino. Rodrigo Borgia incluyó la “Rocca Flea” en el patrimonio de su desdichamente célebre hija Lucrecia, quien visitó el castillo y residió en él en distintas ocasiones. Actualmente, la “Rocca Flea”, es el Museo Civico de la ciudad; la sede de los eventos culturales más importantes de Gualdo Tadino, así como la sede del famoso “Concurso y Exposición Internacional de Cerámica”, que se celebra todos los años, con la participación de los ceramistas de mayor proyección nacional e internacional, y, también, donde se albergan, con categoría museística, las obras más importantes de los distintos concursos de cerámica.

Lo anterior, es a consecuencia de que Gualdo Tadino es, desde la antigüedad, uno de los centros más prestigiosos de producción de cerámica de Italia, contando hoy en día con más de 60 firmas dedicadas a dicha actividad. Esa tradición se remonta a la civilización umbra, pero alcanzó su cumbre artística a partir del siglo XIII. En el siglo XVII, las obras, de enorme valor, ya contenían elementos de oro y de plata, gracias a una técnica especial de la que Gualdo Tadino fue pionera en Europa. Y es que esta ciudad, se mire por donde se mire, es un inagotable tesoro histórico y artístico.

Bueno, para que no se diga que lo que me “pierde” es la historia y la arquitectura militar, os voy a comentar, en líneas generales, las cosas bellísimas de diverso carácter que no hay que perderse en esta pequeña y hermosa ciudad, estupendamente conservadas unas y restauradas otras, a raíz de los graves daños sufridos en el terremoto de 1751 y, más recientemente, durante la Segunda Guerra Mundial, en la que la ciudadanía volvió a mostrar sus genes guibelinos en su heróica resistencia contra la ocupación nazi.

Si, por ejemplo, entráis en la ciudad por la puerta de San Benedetto, podéis ir dando un paseo, subiendo por el “Corso” y os encontraréis con la Iglesia de Santa Maria dei Raccomandati, del siglo XIII, situada en la Piazza XX Settembre. La iglesia alberga en su precioso interior varias obras de arte de los siglos XV y XVI, entre las que destaca el impresionante tríptico de “La Virgen con el Niño, San Sebastián y San Roque”, obra del insigne pintor Matteo di Gualdo, nacido en esta ciudad en 1435.

En la plaza principal de la ciudad, Piazza dei Martiri della Libertà, os encontraréis con la monumental Iglesia di San Francesco, construida entre los siglos XIII y XIV, cuyo magnífico interior, que recuerda al de la Basílica de San Francisco, en Asís, alberga un montón de obras de arte, tales como frescos de la escuela umbra del siglo XV; dos obras maestras de Matteo di Gualdo: “La Crucifixión” y “La Virgen con el Niño y San Francisco” y una preciosa pala de altar de terracota barnizada, realizada en Gualdo Tadino en el siglo XV.
A la misma plaza dan el precioso Palazzo Comunale, sede del Ayuntamiento, reconstruido en el siglo XVIII y, frente a él, el Palazzo del Podestá (Palacio del Gobernador) del siglo XII, de cuya estructura original solo sigue en pie la soberbia “Torre Civica”.
También en esa plaza se encuentra la Catedral de San Benedetto. La impresionante catedral data de mediados del siglo XIII. La fachada, de líneas austeras, está ornamentada con un gigantesco rosetón y tres grandes puertas de entrada. El rico interior adoptó en las primeras décadas del siglo XX una apariencia de basílica, con las paredes hermosamente afrescadas por el célebre pintor Ulisse Ribustini (1852-1944), nacido en la vecina región de Le Marche.
Asimismo, la Catedral alberga distintas y valiosas obras de arte de entre los siglos XIV y XVI.
Junto a la fachada principal se encuentra la espléndida fuente, obra de Antonio da Sangallo “El Viejo”, de 1573, construida por iniciativa del Cardenal Legado Antonio Ciocchi Del Monte, quien en esa misma época había hecho que se construyera en la ciudad un impresionante acueducto.
En las inmediaciones de la Piazza del Soprammuro, se encuentra la “Pinacoteca Comunale”, en la que se conservan verdaderos tesoros de la pintura y de la escultura umbra y toscana del Renacimiento, con obras de Sanno di Pietro, Ottaviano Nelli, Antonio da Fabriano, Avnazino Nucci, Jacopo Palma, Bernardino da Mariotto y del gran Niccoló Liberatore, llamado “L’Alunno”, así como obras procedentes de las escuelas de Luca Della Robbia y de Gentile da Fabriano.
¡Una ciudad tan pequeña y con semejante pinacoteca!. A cualquier le dejaría apabullado, pero aquí es como si fuera la cosa más natural del mundo…¡Así es Umbría!.

Sé que, una vez leídas estas líneas, la pregunta inmediata será ¿Dónde podremos parar a comer cuando visitemos Gualdo Tadino? . Bien, pues ahí va la respuesta. Nosotros comimos divinamente en “La Taverna”, en Via Borgovalle, 10. Es un restaurante muy bonito y cuidado, de ambiente acogedor, en el que sirven una estupenda cocina tradicional local, en la que sobresalen unas pastas hechas a mano y unas carnes de caza, de ternera, de buey y de cordero ¡Que harían resucitar al mísmisimo Rey Totila!.
Os aconsejo que empecéis con unas “bruschette” (una especie de tostas pequeñas con distintos aliños e ingredientes) y con un plato del exquisito jamón de Norcia y luego, según lo que le apetezca a cada uno, sigáis con unos “gnocchi” con salsa de queso o con un carpaccio de ternera con trufas o con un costillar de cordero asado a las finas hierbas. Los vinos de la casa, procedentes de las colinas cercanas, son genuínos y muy buenos.
Depende de lo que toméis, podéis salir por unos 25 ó 30 € por cabeza.

Sylvia

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