Amelia: el arte desde el siglo XI hasta el XX.

¿Qué pasa? ¿Es qué no me creíais cuando ayer os dije que hoy volvía para estar en Amelia con vosotros? Hombres de poca fe…
Bien, pues si ayer nos quedamos en la Alta Edad Media, está claro que hoy no podemos hacer otra cosa que no sea la de abrirnos paso hacia adelante. Vamos allá.

Amelia, al igual que la mayor parte del territorio umbro, se ve envuelta en la feroces luchas por el poder entre los Güelfos (pro Papa) y los Guibelinos (pro imperiales) las dos fracciones de poder dominantes en el centro y en el norte de Italia, entre los siglos XII y XV, fundamentalmente. Ambos con enormes pecas y pecados sobre sus espaldas, pero unos, en lo que cabe, solo en líneas muy generales y desde mi punto de vista, más nobles e ideológicamente coherentes que los otros. Ahora, desde la distancia histórica y desde la libertad de conciencia y expresión, que cada uno de nosotros se incline para cuál y en cuál de esas fracciones habría preferido luchar, llegado el caso.
Más allá de la historia escrita, el análisis detenido de su respectivo pensamiento y actuación, además de la iconografía creada por cada uno de ellos, hace tiempo, mucho tiempo, que me dieron la respuesta.
Concretamente en Umbría, nombrando solo a las ciudades dominantes de esa época, las cosas estaban divididas, si no me equivoco, de la siguiente manera:
Guibelinos: Gubbio, Spoleto y Todi.
Güelfos: Perugia y Orvieto.
Es necesario aclarar que cada una de ellas contaba con el apoyo de las respectivas fuerzas situadas fuera del territorio umbro.
Amelia, que se había mantenido, en cierta medida, como comunidad independiente, padece el saqueo de las tropas del Emperador Federico I de Hohenstaufen en el año 1240. Pese a ello, el Vaticano tarda 65 años en tomarla oficialmente bajo su protección (tengo entendido que en Amelia había y hay de todo menos petroleo…), entrando así, en 1307, a formar parte definitivamente de su órbita de poder. A excepción del período bonapartista, el Vaticano la gobernará hasta 1860, cuando Umbría se integra en el Reino de Italia.

Resumida su historia, vamos con el arte. De todas las puertas de acceso a la antigua ciudadela, la principal, más céntrica y moderna (siglo XVI) es Porta Romana. Desde ahí se entra directamente al “cardum”, o sea uno de los dos entramados urbanos romanos, que es el que atraviesa la ciudadela de norte a sur. En la hermosa Piazza Augusto Vera se encuentra la bellísima Iglesia de San Francesco. La construcción de la iglesia procede de finales del siglo XIII, inicialmente dedicada a San Felipe y a Santiago Apostol, pero se remodela a comienzos del XIV, anexionando a la misma el convento de los terciarios franciscanos. La fachada presenta fundamentalmente características del románico tardío, si bien con una notable influencia gótica. El campanario original se vino abajo en 1915, como consecuencia del terrible terremoto que sacudió a la ciudad. En 1931, el prestigioso ingeniero umbro Gioacchino Santori realizó con fidelidad y extremado buen gusto el proyecto para su sucesiva reconstrucción. El interior de la iglesia se reestructuró completamente entre 1664 y 1767, por lo que es de estilo barroco. En cuanto a obras de arte, sobresale la impresionante Cappella Geraldini, con los impresionantes sepulcros de dos de sus miembros, Matteo y Elisabetta, realizados en el siglo XV por el gran arquitecto y escultor florentino Agostino di Duccio. En el siglo XVI, el anexo convento de los franciscanos se remodela, casi por entero, en estilo renacentista, a excepción del claustro, del pórtico y de la logia, pasando a convertirse en el Collegio Boccarini, hoy, Palazzo Boccarini, cuyo espléndido interior aloja las sedes del Museo Arqueológico y de la Pinacoteca Municipal de Amelia.

En Via Cavour nos encontramos con la Iglesia de Sant’Agostino, del siglo XIII. Cuenta con un hermosísima fachada, separada en dos partes, de características románicas y góticas. La parte central de la fachada está ormanentada por un enorme y espléndido rosetón y un portalón de acceso con frisos románicos que representan motivos alegóricos tallados a modo de bajorrelieves. La iglesia alberga un valiosísimo órgano de 1841, realizado por los hermanos Moretti.
Bajando por Via Posterola, nos topamos en el magnífico Monastero di San Magno. Se trata de la sede originaria de las monjas benedictinas de clausura, y es el edificio religioso más antiguo de esas características que se construyó en Amelia. El convento incluye una iglesia pequeña y preciosa en el que se conserva en perfecto estado el célebre Órgano de San Magno, de 1680, con doble teclado, actualmente el único de ese tipo existente en el mundo.
Amelia cuenta en total con siete órganos de gran valor histórico, motivo por el cual es actualmente la sede de la “Accademia dell’Arte Organaria e Organistica Umbra”.
En Via Porcelli, junto a la Piazza Marconi, se encuentra el fabuloso Palazzo Farrattini (1520 c.) obra de Antonio da Sangallo “El Joven”, el insigne arquitecto renacentista florentino. Su lujoso interior alberga los techos originales de madera tallada y una serie de pinturas valiosas, entre las que destaca un óleo del siglo XVI, del célebre pintor manierista Taddeo Zuccari, que representa “La Santísima Virgen con el Niño, San Pedro y San Bartolomé”.
En la hermosa Piazza Marconi está la singular y extraordinaria “Loggia del Banditore”, una gran tribuna medieval sobre la que se leían al pueblo las proclamas y comunicados del gobierno de la ciudad. Junto al primer tramo de escaleras de la logia se encuentra una magnífica columna con capitel dórico, añadida en el último tercio del siglo XV.
En esa misma plaza está situado el soberbio Palazzo Petrignani, renacentista, del siglo XVI, que cuenta con una de las fachadas más hermosas de la arquitectura renacentista del sur de Umbría. La planta principal del palacio alberga en sus salas y salones distintos ciclos monumentales de frescos de gran valor artístico, entre los que sobresalen los que están situados en la “Sala “Rossa” y en la “Sala dello Zodiaco”, obra de la escuela de los célebres hermanos Taddeo y Federico Zuccari, del siglo XVI.
El impresionante Palazzo Nazzi está emplazado en Via Carleni, muy cerca de la Piazza Marconi. Se trata de un palacio aristocrático del siglo XIII, cuya fachada está ornamentada con motivos clásicos de la arquitectura romana. Su interior alberga un patio bellisimo al que asoma una logia sostenida por columnas corintias.
La Catedral de Amelia se encuentra en la parte más alta de la ciudadela. Románica en origen, pasó a ser de estilo barroco en el siglo XVII, cuando tuvo que ser reconstruída a causa de un incendio. Junto a ella está la soberbia Torre Campanaria, cuya construcción original procede de entre los siglos X y XI. La torre presenta una altura de más de 30 metros y una base de un perímetro de casi 31,50 metros. La poderosa base, que tuvo que ser de época muy anterior a la construcción de la torre, cuenta con magníficos ornamentos romanos y bizantinos.
El precioso interior de la Catedral es de planta de cruz latina. Sus paredes están recubiertas de rescos sublimes, obra del prestigioso pintor del XIX, Luigi Fontana, oriundo de la cercana región de Le Marche. Entre las diversas obras de arte, sobresalen los dos impresionantes estandartes conservados en la Catedral, procedentes de sendos buques de la flota del Imperio Otomano, y ofrendados a Santa Firmina, patrona de la ciudad. Probablemente, en muestra de agradecimiento a la santa por haber haber llevado a la victoria a la flota del Vaticano en la Batalla de Candia (1665), librada contra los turcos.
Para terminar con los monumentos más sobresalientes ubicados en Amelia, os aconsejo que no perdais la oportunidad de visitar el espléndido Teatro ad Operina, una verdadera joya de finales del siglo XVIII, perfectamente conservada. Domenico Bruschi, célebre pintor umbro del XIX, pintó uno de los magníficos telones que cubren el escenario, representando el asedio de la ciudad por parte de las tropas del Emperador Federico I de Hohenstaufen, más conocido como “Barbarroja”.
Y, ahora, la pregunta del millón: ¿Dónde comer en Amelia?
En esta antiquísima ciudad de enorme interés histótico y artístico, pese a ser pequeña (cuenta con unos 11.200 habitantes) otra de las grandes tradiciones es el buen comer, por lo qué verdaderamente se trata de la pregunta del millón, pero si padecéis ese vicio delicioso conocido como “el de la buena mesa”, me arriesgaré a hablaros de uno en el que nosotros hemos comido estupendamente: “Osteria dei Cansacchi”, en Piazza dei Cansacchi, 4, en pleno casco antiguo.
Además de ser un sitio precioso, con un servicio tan amable como impecable, cuenta con una cocina privilegiada, especializada en platos de pescado, siempre muy fresco y hecho en su punto, además de otras exquisiteces como: los chuletones de buey a la brasa, la pasta fresca artesanal condimentada con setas o trufas, y unas verduras recién traídas de la huerta, entre las que destacan las alcachofas en su jugo o rebozadas.
Los vinos de la casa son muy buenos y proceden de las colinas umbras.
Depende de qué y cuánto… comáis, podéis salir por unos 30 ó 35 € por persona.

No os puedo asegurar que con esta página me despida de Amelia. Tiene tanta cantidad de historia y de cultura propia como para editar una enciclopedia. Creo que ya se le ocurrió a Catón “El Viejo”, pero no pudo ser, pues al bueno de Johannes Gutenberg le faltaba mucho tiempo todavía para asomar la cabeza por este mundo…

Me gustaría poder hablaros, por lo menos, de sus magníficos festejos tradicionales, de sus acontecimientos culturales y de sus encantadores alrededores.
Ya veremos…
Sylvia

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