Passigano sul Trasimeno: El arte del saber vivir a orillas del Lago Trasimeno.

Acabo de pasar unos días aquí y, pese a estar todavía en invierno, me he quedado tan encantada y maravillada con lo atractiva y entrañable que es la vida aquí, que lo más probable es que vuelva para disfrutar de unas vacaciones como Dios manda. Voy a tratar de transmitiros mediante estas líneas lo increíblemente bonita y plácida que esta pequeña localidad de cerca de 5.300 habitantes, situada a 11 Km. de Magione, esa emblemática localidad, cercana al Lago Trasimeno, de la que os hablé hace un par de semanas.
Esta preciosa ciudad de vacaciones, rodeada de bosques frondosos, y precedida de colinas verdes, cultivadas con esmero y sabiduría, asoma literalmente a la orilla norte de ese lago idílico, que separa las regiones de Toscana y de Umbría.
Passignano pertenece a la provincia de Perugia y está a unos 30 km. de distancia de esa capital y a menos de 20 de la provincia de Arezzo (Toscana). Frente a ella está la Isola Minore, la más pequeña de las islas situadas en el Lago Trasimeno. Actualmente es propiedad privada y cuenta con una flora exuberante en la que anidan montones de pajaros multicolores.

Por la paradisíaca naturaleza que la rodea, por su antiquísima riqueza arquitectónica y artística, y por su enclave privilegiado, Passignano es una de esas ciudades pequeñas y encantadoras frecuentadas por los turistas de buen gusto y de mejor criterio, que lo que desean es huir de las aglomeraciones cuando se está de vacaciones, para situarse en un marco singular, que transmite emoción y vitalidad: la antítesis de lo que nos depara el ritmo frenético de las grandes ciudades, su contaminación y su disparatado estilo de vida, lo que termina por destrozar el bienestar interior al que aspira todo ser humano sensato y sensible.
Passignano sul Trasimeno significa vivir apaciblemente, comer de maravilla, descansar y disfrutar al mismo tiempo de la multiplicidad de actividades que ofrece: los deportes acuáticos, las excursiones en barco de un lado al otro del inmenso lago, así como jugar al tenis, montar a caballo, dar largos paseos por la naturaleza y un casi infinito etcétera. Todo ello enriquecido por el arte y por sus acontecimientos culturales, pasando por los conciertos más selectos que se ofrecen en el “Auditorium”, para culminar con sus festejos y celebraciones tradicionales que, de un modo u otro, siempre están presentes en la vida de la Passignano.

La localidad es actualmente la sede del “Ente del Parco Trasimeno”, con la consideración de reserva natural protegida.

Los historiadores sostienen que la primera civilización que se hizo con el lugar fue la umbra, a quienes, siglos más tarde, la sucederían los etruscos y, seguidamente, los romanos. Estos últimos convirtieron la ciudad en un asentamiento militar, con el fín de vigilar el tránsito de tropas adversarias hacia o desde el norte de Italia, al encontrarse la entonces “Passianum” junto a la única vía de conexión existente entre Roma y el norte. Pese a ello, en el transcurso de la segunda guerra púnica, concretamente en la célebre Batalla del Lago Trasimeno, librada en Junio del 217 a.C., Anibal, al frente de los cartagineses, consiguió tender una trampa mortal al Cónsul Cayo Flaminio Nepote y al grueso de las tropas que éste encabezaba, estimándose una pérdida de 15.000 hombres, lo que supuso la derrota de Roma.

A principios del siglo X, el Emperador Berengario I concede Passignano sul Trasimeno al Marqués Uguccione del Monte, en calidad de feudo. En el siglo XI, la entonces ciudadela entra a formar parte de la órbita de poder de Perugia, quien construyó una carretera que conectaba a la localidad con dicha capital, de manera de poder ejercer su dominio también en el territorio circundante. Lo anterior hizo que Passignano se viera inmersa durante siglos en una concatenación de luchas feroces por el poder territorial, mantenidas entre Perugia, Florencia y Arezzo. En la segunda década del siglo XVI, pasó a ser feudo de la antigua dinastía de los Baglioni y, a continuación, de la dinastía de los Oddi y, después, de la de los Della Corgna, integrándose en 1643 en el territorio del Gran Ducado de Toscana.

Por su situación geográfica y su posicionamiento junto a dicha carretera, Passignano, un apacible pueblecito de pescadores, se convirtió en un lugar de parada, prácticamente ineludible, para quienes se dirigían de Perugia a Florencia, o para quienes atravesaban la península por esa latitud procedentes de los puertos situados a orillas del mar Adriático a los del mar Tirreno y viceversa. Lo anterior hizo que surgieran en Passignano un número considerable de tabernas, hospederías y comercios, por lo que se convirtió en una localidad rica, alegre y llena de vida, cuya belleza y buen hacer corría de boca en boca de un lado a otro de Italia. Así fue como en la Edad Media se gestó su vocación turística, que vería plenamente la luz a principios del siglo XX, cuando se puso de moda en toda Italia gracias a la Reina Margarita de Saboya, quien queriendo recorrer el Lago Trasimeno en barco, paró a descansar en ella y se quedó prendada de su hermosura y de la cordialidad de sus habitantes. Por aquella época, solo había un barco que hiciera la travesía del Lago Trasimeno: el “Concordia”, que fue en el que embarcó la reina. En 1916, se fundó en Passignano la Real Escuela de Pilotos de Hidroaviones, que permaneció allí hasta 1922 y, por esa misma época, se estableció cerca de la ciudad la sede de una célebre industria de fabricación de aviones y barcos, lo que aportó a Passignano todavía mayor riqueza y renombre.

El casco antiguo de la localidad sigue estando rodeado de murallas medievales que, en el siglo XI protegían el imponente castillo, de planta cuadrada, construido entre los siglos V y VI, y ampliado y convertido en fortaleza en el siglo XI, conocido como “La Rocca”, que constituía el punto principal de defensa de la ciudadela. La fortaleza – de la que sigue en pie solo la zona norte, recientemente restaurada y convertida en la sede del Archivo Histórico de la ciudad, que alberga, asimismo, el Centro de Documentación de la Batalla del Lago Trasimeno – constaba de tres grandes puertas de acceso y numerosas torres y torreones almenados. De ellos, perdura la torre principal, la llamada “Torre Gótica”, impresionante y de gran belleza arquitectónica, procedente también de entre los siglos V y VI.El interior del casco antiguo, con su trazado armónico formado por calles y callecitas tranversales, a las que asoman edificios bellísimos, conserva verdaderas joyas de la arquitectura religiosa. Destacan la Iglesia de San Bernardino, del siglo XVII, con una espléndida fachada de piedra ricamente esculpida y labrada, que está situada en la calle del mismo nombre; el Oratorio de San Rocco, del siglo XVI, situado en Via Nazionale, cuya fachada renacentista es un prodigio de elegancia y equilibrio, y la magnifica Iglesia della Madonna del Olivo, de finales del siglo XVI, situada justo en el centro del casco antiguo, cuyo interior alberga una bellísima escultura, obra de 1602, del célebre escultor Ascanio da Cortona, que representa a la Virgen con el Niño, así como una maravillosa pila de agua bendita realizada también por el Cortona.
Por otra parte, a escasa distancia del casco antiguo se encuentra la hermosa Iglesia de San Vito, románica, cuyo interior alberga una tabla, del siglo XV, atribuida al celebre pintor umbro Fiorenzo di Lorenzo. Además, la iglesia cuenta con un fabuloso campanario del siglo XIII.

Con independencia de que cuando vayáis a Passignano sul Trasimeno tengais la suerte de encontraros en uno de esos días en los que se enciende la “Padella” – por lo que dicen, la sartén más grande del mundo – en la que se fríen quintales de “pescadito” de lago y de mar, y luego se reparten entre todo el mundo que se acerca a comer ahí ¡Es genial y divertidísimo!, os voy a sugerir un sitio para comer o cenar, entre los muchos y muy buenos que hay en Passignano, en el que comimos estupendamente por un importe de lo más asequible. Se trata del restaurante y pizzeria “Il Passo di Giano”, situado en Via Gramsci, 14. Dispone de una terraza maravillosa que asoma al Lago Trasimeno y de un comedor interior, acristalado y también panorámico, decorado con muchísimo gusto. Su especialidad son las pastas artesanales, los pescados, fresquísimos, tanto de mar como de lago, y una selección de pizzas deliciosas.
La cuenta, suele oscilar entre los 25 y 35 € por persona. Está claro que si os limitáis a tomar una pizza, una ensalada y un postre, no pagareis más de 15 ó 20 €.

¡Qué viváis de maravilla vuestras vacaciones en Passignano!

Sylvia

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